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¿Amor o “libertad”?

Yo sé que mis palabras se las va a llevar el viento. Porque tu egoismo te tiene sordo y ciego.

Pero esta pena me tiene al borde de la locura. Este dolor no me deja respirar: siento que muero.

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En silencio…

…las horas pasan, como pasa la vida. El tiempo no se detiene, no perdona; castiga. Es mi aliado, mi enemigo: espada de dos filos.

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Enamórate…

… de quien te mire con ternura, aun en medio de tus locuras.

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Noche buena

Copitos de nieve juguetean con el viento. Están en ánimos de fiesta. Hasta el aire, aun con estas temperaturas, se siente cálido. Se escuchan murmullos y algarabía. Lo oscuro de la noche se enciende con las risas.

El dolor, por esta noche, se ha tornado en alegría. Pues se celebra el nacimiento de quien ofreció a este mundo, una nueva forma de libertad: esa que nadie puede robar. Quien con sus actos nos mostró las más hermosas acciones de amor y de bondad.

El tiempo se detiene, mientras degusto una taza de chocolate caliente. Me huele a “tierra”, quizás muy lejana, pero encendida en mis venas. Los recuerdos se vuelven manto, calmando mis penas.

Un inesperado toque acelera mis latidos. Y un tibio beso se posa sobre mis mejillas. Tú, quien has llegado a sorprenderme, robas carcajadas que ni yo sabía que existían.

Pasas tu mano sobre mi rostro, deslizando tus dedos sobre mi cuello. Posas tus labios en los mios: se vuelven uno. Y me allegas a tu pecho, como quien sostiene algo que se quiere escapar. Aspiro el olor de tu perfume: arraigada a tu nuca, disfruto nuestro momento. 

Eres lo que esperaba, lo que necesitaba. Mi regalo de todo el año, en especial de este día. Y te observo, detenidamente. Quiero que este momento dure para siempre. Pues hoy es Noche buena y con tu presencia se ha tornado mágica, perfecta.

Agradecería…

Que me digas lo que tu corazón siente. Y si me quieres, lo demuestres. Porque el tiempo no perdona, no se detiene. Mañana será tarde, no te arriesgues a perderme.

Agradecería…

Que si no me quieres, me dejes. Que me digas la verdad, me enfrentes. Que si te vas a quedar, la puerta cierres. Pero si te vas a marchar, sea para siempre.

Agradecería…
Que si tu corazón le pertenece a otra, conmigo no juegues. Que valores quien soy y me respetes. Porque te he dado todo, sin restricciones. He aceptado tus días buenos y tus malos humores.

Agradecería…

Que abras tu corazón o de una vez lo cierres. Que me digas todo o calles para siempre. Porque estoy a un paso de arrancarte de mi pecho. ¿Me vas a dejar ir o vas a luchar por retenerme?

Esta es nuestra última oportunidad, más no puedo forzarte a que te quedes. Te agradecería que seas sincero contigo mismo y si te vas a marchar nunca regreses. 

Te lo agradecería…

Ella

Ella no buscaba un hombre perfecto, sino uno que luchara para ser mejor. Que la quisiera, de verdad, y le brindara todo su yo.

Ella no quería regalos costosos, prefería esos que salían del corazón. Quería flores sin algún motivo. Solo encontró cardos y espigos.

Lo que una vez la hizo sonreir, hoy la hace sufrir. Al que una vez le abrió su corazón, no le importó. Se cansó de ella, sin importar cuántas veces lo perdonó. 

Dejó de buscarla, prefirió un nuevo “amor”. No quería compromiso, solo una distracción.

Cansada de rechazos, prescindía el adiós; solo indiferencia encontró. Aquél al que una vez dejó entrar en su vida, hoy la traicionó.

Prefirió voltear y seguir su camino. Recogió su corazón dolido y atrás no volvió. Decidió amarse a sí misma y la soledad abrazó.

Nunca supo si la quiso, si lo que vivió fue real. Solo le quedó la certeza, de que ese no era su lugar.

Su único consuelo, es saber que dio todo. Aunque él no lo apreció. A él lo perseguía su pasado, lo torturaban sus demonios.

Al final entendió, que quien no acepta las espinas, no merece disfrutar de la flor. Esa de quién hablo eres tú; ella soy yo.

¡Calla!

Con el tiempo la vida te enseña que no todo lo que se dice se siente. Y, no todo lo que acelera los latidos del corazón se puede gritar a los cuatro vientos. Pero hoy, rompo el silencio.

Por eso, ¡calla, enmudece! Que de palabras vanas, vacías y sin sentido las cortes están repletas. Que todos hablan, más su verdad. Y muchos han aceptado sus propias mentiras. Y estas se han convertido en su realidad.

No te dirijas a mi con tal verborreo, que solo ha traido confusión. Ahórrate los comentarios. ¿Es que no ves que no está hablando el corazón? Siempre al final terminas enrredado. Y al final, el tiempo me da la razón.

Que me quieres poco o tal vez nada. Que no sabes qué quieres, que no quieres sentir. Que vives de ilusiones locas, de noches fugaces. De lujuria y pasión; más no de amor. 

Ahógate en los verbos que tu boca ha pronunciado. Reclamando sentir algo que ni puedes describir. ¡Cállate ahora, calla por siempre! Que prefiero la muerte a volverte a oir.